lunes, 18 de octubre de 2010

Las hormigas danzan y la oruga hipnotiza

El sol en su maxima altura marca el mediodia, momento en que, por convencion social, las personas se dirigen a hacer callar sus jugos gastricoscon algo de comer. Es asi que como parte de la sociedad o mejor dicho como persona con hambre, me dirigi a buscar algo con que entretener mis entrañas.
Con veinte pesos en el bolsillo derecho y con un constante ruido proveniente de mi abdomen salí cual ama de casa en busca de precios. Así fui a parar a "El porteño"; un pequeño local de panchos escondido por un puesto de diarios que para esta hora se encontraba cerrado.
Yo ya había tenido un encuentro con los productos de "El porteño" cuando uno de sus panchos, "el italiano", me había obligado a bajar del tren, en el cual retornaba a mi casa, porque me hizo bajar la presión y por poco se muda de mi cuerpo al anden.
Al estar parado haciendo la fila para adquirir mi pancho recordé este hecho, pero pensé que todos merecen segundas oportunidades, ademas la idea de un pancho con salsas y papas a tres pesos valía la pena. Se acerca mi turno en la fila, solo dos personas me separan del botón mute de mi estomago y mientras que estas personas ordenaban yo decidía; definitivamente "el italiano" estaba fuera de mi menú, así que me deje llevar por mi nacionalismo y ordene dos argentinos, los cuales incluían salsa roquefort, tomates en rodajas, salsa golf y lluvia de papas. Pero al momento de efectuar mi pedido surgió un impedimento que alargaba mas la distancia entre esos panchos y mi paladar, y es que los panchos ¡ habían aumentado los panchos! ahora cada uno costaba cinco pesos; mi plan ahorrador se desmoronaba pero bueno la panza llamaba y no quería perder tiempo así que los ordene igualmente pero no alcance a relajarme y surgió una nueva traba, la vendedora me dijo dulcemente con una sonrisa "mira que no tengo tomates", ahora estaría pagando mas dinero y por menos ingredientes, pero nuevamente me resigno y lo ordeno de todas formas, pero antes de concluir agrego una seven up.
Salí del local contento y relajado, con dos panchos en mi mano derecha y en la izquierda una seven up; camino hasta la plaza para degustar esa delicia culinaria tan simple en el pasto, aprovechando de un hermoso día. Encuentro un excelente lugar bajo la sombra de un árbol así que procedo a quitarme la mochila; de un solo movimiento libero mi brazo izquierdo, pero faltaba el mas importante el que tenia los dos panchos, asi que de un solo movimiento audaz cual Legolas subiendo a un olifante logro liberar mi mano derecha, pero con el envión hay un saldo negativo, uno de mis porteños se encuentra en el suelo, desarmado y sin el carton que lo protegía de la suciedad del pasto, pero curiosamente aun conservaba la forma de pancho.
Con indignación y desconsuelo me senté a comer y a tomar seven up para quitar ese trago amargo de haber perdido un pancho. En ese instante mi voz interior comienza a seducirme para que levante el porteño, lo rearme y me lo coma; pero mi conciencia me lo impedia. Ya terminado el sobreviviente, aun continuaba con hambre así que comenze a dudar pero mi voz interior tomo la iniciativa y el control de mis funciones motrices haciendo que mis brazos rearmen el pancho. Luego comenzó un minucioso estudio observacional sin establecer contacto. Mi estudio se prolonga unos minutos hasta que observo a una oruga, quien con un lento e hipnotizante movimiento va camino hacia el porteño. Su movimiento era tan lento e hipnotizante que cuando me di cuenta habían llegado las palomas y tímidamente se aproximaban; pero arrojando papas las mantuve alejadas; pero nuevamente miro al pancho y choco con la realidad, las hormigas danzaban encima del caído así que ya resignado totalmente se lo entregue a la naturaleza, pero no quise perderme detalle del proceso; así que pase a jugar el rol de un reportero de National Geographic quien sin intervenir es observador y locutor de la situación. Pero siguiendo el camino de las hormigas me di cuenta que provenían de mi. Había estado tan entretenido observando que no me di cuenta que estaba sentado en un hormiguero.
Así me fui comprendiendo que cuando la gente dice que la vida le sonríe están equivocados, es que se esta riendo de mi.

sábado, 24 de julio de 2010

Punto de partida

Para mi una buena carrera se determina desde el primer paso, es decir en el atletismo el arranque es el determinante para ganar la carrera; y basándome en esta teoría es que mi buen viaje que encamino hoy va a estar determinado por este inicio.